De pie
De pie, sosteniendo la pared que se venía abajo en contra tuya,
escuchas distante y sin presencia lo que ellas dos platican, los pies te punzan por el peso tremendo de tu función como
soporte.
De vez en cuando le sonríes a una palabra que flota a
la deriva, cuando ésta no llega a ser escuchada por ella o aquella. Ellas dos no se miraban entre sí, sólo se hablaban, se distraían con sus voces pero se escuchaban.
Ignorabas que tu presencia no era necesaria, que esa pesadísima pared no se caería con tu desaparición, es por eso que enderezando aún más la espalda, apoyas tu cabeza y fumas un cigarrillo que te borra el hambre que te causa aquella inútil proeza. Hubo un silencio torpe por alguna pregunta que se hizo y se respondió con un gesto, el tiempo se volvió espaciado mas nunca incómodo.
Tú escuchaste la pregunta varada pero no comprendiste su significado y antes de servir como intermediario entre ella y aquella, sentiste una presión a un lado y otro de tus hombros, el aire te aplastaba despacito, lo había estado haciendo desde hace rato pero apenas ahora acababa de presionar la camiseta contra tu piel; en ese momento olvidaste el orden de las palabras y callaste aún más de lo que habías estado callando.
Ambas mujeres tenían cosas en común: la
misma soltura al respirar, la misma mirada de reojo, la misma cautela al pisar
entre el pasto (aunque por razones distintas), el mismo bienestar adquirido con
fortaleza, y sin saberlo compartían también al mismo hombre desconocido,
anhelante de sus palabras.
Mientras luchas contra la hinchazón en tu garganta, tus ojos irritados por el humo y la frustración, pierden enfoque. Por fin aplastado por un gran peso, inmóvil desde tu centro, viste como caminaban ellas por aquel lado de la banqueta, ella con la sonrisa original, aquella con su réplica exacta.
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