domingo, 14 de julio de 2013

--- Abajo ---------------------------------------------------------------------- Gracias por tu tiempo.

Abajo


Ver a la noche arrastrar su abrigo morado, y verla depositar la ceniza de su puro de nubes espesas en el tazón redondo que arde de a poco a casi nada. Respirar ese humo añejo y exhalado, y sentir que a todo le hace falta un aire ya respirado, pero igual de fresco como el río que pasa subterráneo por las vías del tren inmóvil y oxidado. 

   A las casas de la ciudad les falta un viento clandestino que les despegue la pintura, les tumbe las murallas, les abra los portones y les saque los huéspedes a la calle, para que caminen junto a perros bohemios, bicicletas errantes, árboles súbitos y lámparas intermitentes. 

  Pensar que se puede ir a lugares nobles para ver una arquitectura azarosa, con la música allá a lo lejos y aquí mismo enseguida, con un olor a lavandería que se asoma por las esquinas, ese mismo olor que resulta ser la cosa más alienígena sobre la Tierra.

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