viernes, 20 de junio de 2014

--- Para darse cuenta --------------------------------------------------------------- Gracias por tu tiempo.

Para darse cuenta



Bastaban un par de horas para darse cuenta, usualmente ocurría con una sutileza digna de ser ignorada, perfecta para no propiciar un ambiente de ataque y defensa. No había necesidad, cuando la osita y yo estábamos juntos ocupábamos la mitad del espacio presencial y el doble del espacio físico, es decir, estábamos como dos cuerpos separados pero aún al contrariarnos no ofrecíamos diferencia alguna. Las personas alrededor lo aceptaban sin cuestionarlo e incluso lo favorecían haciéndonos notar que nuestras cejas eran idénticas, pero tú y yo sabíamos que si las contábamos yo tendría un número impar y tú un número par de vellos ennegrecidos y tupidos sobre nuestros ojos que estaban ya tan acostumbrados a encontrarse con verdadera espontaneidad. Pero la cosa no iba por ahí, lo sabíamos mientras sonreíamos y pensábamos en estar solos. El deseo, que sin sorprendernos de que fuese compartido, nos asaltaba quizá en los momentos propicios para morir en el acto, las luces no se apagarían, nunca las apagábamos, aunque al principio sí, al principio había tiempo y esperas y todo un día dedicado a nuestra soledad compartida y era un dulce colmenar, sin poder distinguir entre cadáveres venenosos, cera y miel. La seguridad de que nos amábamos así desde antes, mucho antes. La evocación de ser uno solo, aunque yo sabía que era todo un juego, una balanza, un par de vidas que se iban armando (tú) y adaptando (yo).



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