viernes, 20 de junio de 2014

--- Se cura con huevo -------------------------------------------------------------- Gracias por tu tiempo.

Se cura con huevo


Que el espanto se cura con huevo, según la mítica que sostenía mi abuela, una de las tantas bondades de los no nacidos es la de arrebatarnos la angustia desde sus paredes blancas o morenas, ellos hambrientos de la experiencia helada, se dejan arrastrar por brazos, espaldas y frentes de cuerpos de enorme candor crispado. Se llevan el susto al centro de su recinto y juegan con él como único contacto externo, lo enmarañan y ovillan, y el miedo se queda dócil flotando en esa viscosidad amarillenta que no tendrá nunca temor de lo que viene antes de la vida ni de lo que sigue después de la muerte.

   Al reventarse el cascarón, yo veía estupefacto el resultado de tanta tripa retorcida hundiéndose hasta el fondo de un vaso con agua, después venían las buenas noches y me recostaba convencido de que yo iría a cumplir la misma tarea de alojamiento, que desde otro lado puedo verme como un frasco blando para el cosmos, y éste, que no se exenta de episodios homólogos por ser infinito, recurre a una conciencia que no conozca los horrores de los ciclos eternos. Jugamos así con los sueños, nuestro único contacto con un mundo externo.

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